martes, 18 de mayo de 2021

El Presente en el Futuro II

 “No es sequía, es saqueo”. Tan de repente se llenaron las redes sociales con esa consigna. Decían que de nada sirve reciclar el agua si las cerveceras o embotelladoras explotan hasta 24 millones de hectolitros anuales. (Decían, porque ahora Palestina sufre un genocidio. Si no es en América Latina, irremediablemente es en medio oriente). Eso sí, el saqueo de agua esta avalado con concesiones que vienen desde los años 90, sin actualizaciones regulatorias o con pago de licencias de funcionamiento de tan sólo 250 pesitos anuales (Nestlé).

            Efectivamente, se están llevando el agua descaradamente. Y los gobiernos en todos sus niveles, deben poner ojo en la lupa, porque aparte de la sacadera del líquido vital, violan las regulaciones de protección ambiental, comunitaria y de extracción de recursos. Por un lado, crean una cantidad inmensa de plásticos a la par de la deforestación y contaminación que provocan (tema para otra ocasión); por otro dejan a las comunidades sin agua (llámese por ejemplo, Santa María Zacatepec); y finalmente perforan y extraen más de lo debido [algunas concesiones (Bonafont) ni siquiera especifican el volumen de extracción anual] o perforan hasta donde alcance el taladro (Grupo Modelo).

            Pero algo a subrayar, ello no implica que nuestros esfuerzos individuales no tengan ningún sentido, todo lo contrario. El esfuerzo individual debe diversificarse ahora a la regulación del consumo, al apoyo a las comunidades y a su visibilización, a darnos cuenta que esas empresas sobreviven gracias a las concesiones y a nuestros bolsillos. Volvernos Alcohólicos Anónimos nos vendría bien a muchos (hay personajes que hasta se les bajaría el coraje), dejar de consumir agua embotellada basta con apoyar a las purificadoras, hacer visible la lucha, apoyarla y difundirla es un acto de solidaridad y de humanidad.

Y es que se están llevando hasta nuestras vidas. Activistas, reporteros y principales voceros en esta justa ambiental la llevan de perder, las casualidades hacen que desaparezcan impunemente. Los defensores hacen un sacrificio mayor, con la seguridad posible de un atentado a su vida, gritan, organizan y movilizan. Que sus vidas, mínimo, valgan cada día de las nuestras, reavivando esa llama desde lo más primordial, nuestras acciones cotidianas.

            Se requiere compromiso de las naciones, que pongan las cuestiones medioambientales por encima de los billetes. Que la degradación de la madre naturaleza sea el amparo a las supuestas y tramposas demandas en tribunales supranacionales, donde empresas privadas ven por sus inversiones a costa del mundo. Pero también se requiere de una participación individual, que conlleve a consecuencias positivas y que no dejen de apuntar a los mayores responsables. Eso sí, que quienes señalen tengan firmes determinaciones en su quehacer diario para hacerlo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario