Este
es un mensaje para el futuro. Expertos de la Universidad Nacional Autónoma de
México declararon extinto el glaciar de Ayoloco, en la cumbre del Iztaccihuatl
y tras ello, colocaron una placa, como diagnóstico post mortem, en lo alto de la volcana, para recordarnos que desde
el 2018 sabíamos de la catástrofe y no pudimos evitarlo
Cuando
uno enferma, ya con sus años, reconoce los malestares del cuerpo. Cada achaque,
cada cambio diminuto es reconocido inmediatamente, sabemos qué nos pasa,
sabemos qué tenemos, sabemos lo que está por venir. Ahora los científicos, nos
ayudan a reconocer el mundo, sus malestares y sus posibles repercusiones. Como
en nosotros la fiebre y el dolor, a la tierra los incendios y las sequías, son
santo y seña, de que algo anda mal. Desaparecen lagos y ríos, los bosques se
convierten en desiertos, los glaciares se funden en el mar, especies animales
se extinguen diariamente, el campo no da frutos, la vida se agota. Los síntomas
están a flor de piel y no sólo para la Pachamama. Tan conectados estamos que
nos llega también la escasez de agua, suben los costos de producción, las
enfermedades son tan recurrentes y frecuentes, contingencias ambientales son
comunes, vivimos al día. Por el dinero, por el país, por el mundo.
¡La
cantidad! ¡La cantidad del problema es lo que nos hace renunciar a la
responsabilidad y la justicia! Ante tantas soluciones posibles, aparece el
“aunque deje yo de usar plástico, ¿cuántas botellas no hay en el mundo?” “De
nada sirve si el mundo no cambia”. De nada sirve…
De nada sirve,
desconectar lo que no se usa. De nada sirve reciclar y dejar de consumir
productos embotellados. De nada sirve reciclar el agua. De nada sirve separar
la basura. De nada sirve ser responsables con el medio ambiente. De nada sirve
regular el uso del auto. De nada sirve dejar de usar desechables
desmedidamente. De nada sirve más que para llenar un espacio en discursos como este. De nada sirve cambiar
nuestro estilo de vida, porque ya son muchos años viviendo igual y seguimos
vivos.
Y ese es el
problema. Que por nosotros no hay ninguno. El planeta nos alcanza aún para
nuestra generación y tal vez la de nuestros hijos. Los niños son la generación
del futuro. ¿Pero cuál futuro? Lo que hagamos hoy, por mínimo que sea, en la
lucha por salvarnos a nosotros mismos, tendrá tal impacto en la historia, que
al menos garantizará que pueda haberla. Aquello que sirve de mucho para el
mundo, es garantía de que el presente se extiende hasta el futuro.
Ojala que
leyendo esto y principalmente, leyendo los malestares del mundo, alguien vea
aquella placa y digan “lo hicieron, lo hicimos”.


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